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sábado, 26 de agosto de 2017

PREGON DEL CARACOL 2017

                                                                                                                                                                                      
FIESTAS PATRONALES EN HONOR A SAN RAMÓN NONATO Y LA VIRGEN DE LA MERCED

EL CARACOL – TELDE









PREGÓN

Por D. RAFAEL RAMÓN MACÍAS FELIPE

VIERNES, 25 DE AGOSTO DE 2017.

Sra. Alcaldesa-Presidenta del M.I. Ayuntamiento de Telde, Sres. Concejales, Distinguidas Autoridades, estimados/as vecinos/as y amigos/as.
Muy buenas noches a todos/as y reciban la más cordial bienvenida al barrio de El Caracol y a este Pregón.
Aunque por los años que recaen sobre mi espalda ya pocas cosas me asustan, tengo que reconocer que recibir la invitación para pregonar las Fiestas del barrio que me vio crecer, en el que terminé forjando una maravillosa familia, cosechando muchos amigos, experiencias personales y, por que no decirlo, anhelos, supone una gran responsabilidad, pero a su vez, un alto honor, dirigirme a mis vecinos/as y amigos/as para compartir un ratito de vivencias y anécdotas.
Hijo de Juan Macías León y Juana Felipe Alemán, ambos ya fallecidos y de quienes guardo un profundo y emocionado recuerdo, nací en una antigua casa de piedra situada en el Lomo Pollo, justo en el mismo lugar donde ahora se encuentra el Restaurante del Campo de Tiro, el 17 de octubre de 1955, en el seno de una familia humilde de nueve hermanos. Vaya desde aquí un recuerdo muy especial y cariñoso para Manolo y Nenita, que volaron al cielo y nos protegen desde allí.
El barrio de El Caracol fue conocido durante los siglos XV y XVI como barrio de Los Caracoles; Ya luego, en el siglo XIX, queda definitivamente identificado como el barrio de El Caracol, y toma su nombre debido a que, por aquél entonces, este paraje se componía de tierras arcillosas que, en periodos de inviernos y a consecuencias de las fuertes lluvias, se llenaba luego de caracoles, haciendo que cientos de personas vinieran desde San Gregorio y otros puntos de nuestra Ciudad a cogerlos para el sustento.
Con doce años nos trasladamos al barrio de El Caracol, cuando apenas había cuatro casas mal contadas, como solían decir los mayores del lugar.
En mi familia nos dedicamos, como casi todos los vecinos del barrio y de Telde, a sembrar la tierra de otros; en nuestro caso, la de los Betancores echando zafras de tomates, puesto que mi padre fue el encargado de la zona de El Cortijo San Ignacio y Jerez durante casi toda su vida, cuando la agricultura era considerada como la más pujante actividad económica de la época.  
Al igual que la mayoría de las familias, mis hermanos y yo trabajábamos muy duro para intentar sobrevivir a la dureza de aquellos años.
Los primeros vecinos que conocí a mi llegada al barrio fueron Los López (Panchito y Antonio), Antoñito Pérez “El zapatero”, Los Franco, Facundito, Antonio Benítez, Paulito, Tomasito “El de la tienda”, Pedro Eulogio Galindo, Sionita “la de las flores”, Antonio García “El Raspa”, el Taller de Chano… y así tantas y tantas personas que forjaron sus vidas entorno a este núcleo teldense y que marcaron mis primeras relaciones sociales de adolescente.
Era frecuente cruzarnos a la altura del acueducto situado en el barranco de las Bachilleras, que fuera construido en la segunda mitad del siglo 19 por D. Juan Rodríguez Quegles, empresario y co-propietario entonces junto con D. Santiago Ascanio Montemayor, de la antigua fábrica del Ron de Telde.
Aún cincuenta años más tarde, todavía cosecho una buena parte de esas amistades.
A pesar de las dificultades, mis padres criaron una familia de nueve hijos/as (Manolo DEP, Antonia DEP, José Antonio, Francisco, Ramón, Juana, Teresa, María del Carmen y José Luis).
Fue una época plagada de situaciones cotidianas que hoy muchos desconocen o no se pueden ni imaginar; a otros les vendrá a la memoria las numerosas dificultades que enfrentábamos en un Caracol con calles de tierra, sin saneamiento, sin luz en las casas ni alumbrado público, sin abastecimiento de agua corriente para aseo personal o cocinar, sin más centro de salud que la famosa “Casa de Socorro”, sin locales sociales donde pasar el rato con nuestros vecinos y amigos y con algún que otro improvisado campo de fútbol de tierra y piedras (más piedras que tierra) o pequeños terreros para bregar, para practicar nuestra incomparable Lucha Canaria, deportes que practicábamos en medio de tantas y tantas plantaciones y del que más adelante daremos unas pinceladas.  
Actualmente, sobre aquel accidentado paraje, se levanta un barrio estructurado, con equipamientos sociales, cancha deportiva, asociación de vecinos, locales para colectivos, señeros negocios y empresas, servicios de agua, luz, teléfono, Internet… y así un largo etcétera.
Digamos que los comienzos en tan precarias condiciones despertaron en mí la persona activa, inquieta, soñadora y ecuánime que la mayoría de ustedes bien conocen.
Por ese motivo y animado por el vecino, entusiasta enamorado de las fiestas pero, principalmente, mayor amigo de toda la vida, Agustín Cabrera Santana, quien me animaba y prestaba su ayuda en todo momento, comencé mi andadura en la Asociación de Vecinos en la que permanecí por más de quince años; unas veces como Directivo y otras simplemente colaborando para que nuestro barrio de El Caracol tuviera unas buenas fiestas y soluciones ante las necesidades y los problemas del día a día.  
La verdad que había un ejército de personas siempre dispuestas a hacer cuanto fuera necesario para que todo saliera a la perfección. Amigos como el propio Agustín Cabrera (Presidente por muchos años), Antonio Jorge, Julián, Carlitos Marrero, Juan Monzón, Emilio Guedes, Francisco, Manolo Pérez, Inmaculada Sosa y José Antonio González, entre otros/as muchos/as.
Todo el mundo se implicaba en buscar la mayor cantidad de dinero y recursos para honrar a San Ramón Nonato y la Virgen de la Merced. Tanto fue así, que llegamos a recaudar más de un millón de pesetas de la época para las fiestas patronales, en las cuáles se coronaba una reina infantil y adulta, hacíamos la “Quema del Caracol” o bailábamos en las primeras verbenas de solajero y luego de espuma… Hasta presentamos una candidata para el Carnaval de la Ciudad de Telde.
Con motivo de la Navidad, se organizaba una cena conocida por “Cena de la Amistad”, llegando a congregar a más de doscientas personas en el Restaurante El Centro de Guayadeque.
También se hacían excursiones desde nuestro barrio a otras islas como El Hierro, La Palma, Tenerife, Lanzarote o La Graciosa…
Recuerdo que en este último mencionado, a un vecino muy conocido por todos nosotros le toco escuchar desde Lanzarote hasta La Graciosa, en aquel barco y su vaivén, a un par de vecinos simpáticos gritándole   ¡ Viva Franco, Viva Franco !  ... el viaje se le hizo eterno.
Pero no sólo en fiestas se nos iban las horas. El deporte también ocupó un lugar muy especial en nuestra vida.
De joven tuve la oportunidad de integrar el equipo del Club de Lucha Castro Morales, al cual dediqué más de veinte años de mi vida como luchador, capitán y directivo, desplazándonos por toda la isla para medirnos contra nuestros adversarios. Fruto de esa pasión por el vernáculo deporte, creamos una escuela de lucha canaria en nuestro barrio. Aunque nunca llegamos a estar federados, íbamos por todos los barrios a luchar con nuestros amigos y vecinos. También lo hacíamos con motivo de las Fiestas Patronales.
Esta etapa se prolongó hasta la fundación del C.F. El Caracol, allá por los años 90. Fue tal la aceptación que tuvo el equipo, que llegamos a congregar a más de 200 jóvenes en las diferentes categorías.
En esta ocasión, les ruego me permitan recordar a todas las personas que integraron aquel ilusionante proyecto, pero hacer una especial mención a tres de ellas que marcarían significativamente mi vida: D. Carlos Marrero de Vera, muy recordado por ser una persona entregada y colaboradora, a la que muchos recordamos ver en un Toyota Land Cruiser de los viejos en color azul con chiquillos colgados de los pisantes, agarrados del techo o de la goma de repuesto… por no decir cómo iba por dentro. A D. Manuel Benítez Macías, más conocido por “Manolito el de la moto”, un hombre de espíritu reivindicativo y servicial, yendo con su moto a todos lados en busca de jugadores, a la Federación en Las Palmas para presentar las fichas y hasta ir a casa de algún jugador despistado para que se vistiera y fuera a jugar. Y cómo no, a D. Manuel González Santana, fiel colaborador del fútbol teldense hasta el último de sus días. Para todos, vaya este humilde recuerdo.
Sin duda alguna, estos espacios de encuentro y de compartir experiencias a través del deporte generaban valores de respeto mutuo, de cordialidad, de cercanía, de humildad y honestidad… en definitiva, esos principios que a día de hoy tanta falta hacen en nuestra sociedad.
No obstante, aunque hasta el momento he relatado algunos de los aspectos más positivos de mi vida, existen otros que casi nos dejan en dique seco, circunstancias que nos levantan el pie del acelerador justo cuando mejor nos va. En mi caso se llama “11 de agosto de 1998”.
Dedicado desde el año 72 a la construcción y fontanería, aquel día, como tantos otros, acudí a trabajar en el municipio norteño de Arucas. En cuestión de segundos, sin tiempo a pestañear ni reaccionar, mi compañero y amigo Domingo Lorenzo y yo nos encontramos en el epicentro de una explosión, en medio de una terrible bomba de gasolina, seguida de una horrible bola de fuego que casi acaba con nuestras vidas. De hecho, Domingo fue tratado en la Unidad de Grandes Quemados de Getafe, entonces recién estrenada, con el 88% de su cuerpo quemado.
El único de España que ha salido con vida en tan mal estado. En mi caso me atendieron en la Clínica del Pino. Tardamos años en recuperarnos de aquél terrible golpe, algo que sin el apoyo y cariño de nuestras familias e hijos no hubiéramos superado jamás. Por ello, para Tina y mis hijos Yeray, Norman y Borja, quiero mandarles un enorme beso y abrazo; de padre que sobrevivió gracias a ese cariño tan profundo que sólo la familia sabe ofrecer.

Le agradezco profundamente a mis padres, mis hermanos y mis familiares, amigos y vecinos por el trato y cercanía que en todo momento mostraron hacia mi persona; Un gesto que jamás olvidaré.  
Para ir concluyendo, como no podía ser de otra manera, mis deseos de bienestar para mi barrio de El Caracol son inmensos, pero entre todos me quedo con dos de suma importancia:
El primero, que haya una mayor actitud de “arrimar el hombro” entre todos los/as vecinos/as, grandes y pequeños, jóvenes y mayores, niños y niñas, para afrontar con mejor semblante nuestro devenir diario y ayudarnos a superar las adversidades, sin envidias, sin titubeos ni rencores.
El segundo, que antes de que yo me muera, que espero sea dentro de mucho tiempo, pueda ver terminada la Iglesia del barrio donde recibirá su altar nuestro San Ramón Nonato y Nuestra Virgen de La Merced.
No cabe duda que este último no es un deseo sólo de quien les habla; sino que también es un anhelo del amigo Emilio Guedes Pérez, guarda y custodio durante todos estos años de San Ramón Nonato y la Virgen de la Merced y un deseo de los vecinos y vecinas del barrio de El Caracol. Esperamos poder verla terminada algún día.
Amigos, vecinos… termino como empecé, agradeciéndoles que hayan preferido pasar un ratito conmigo, compartiendo esta noche tan especial para mí, en la que quiero pedirles más colaboración y unión entre todos, deseándoles que tengan unas muy buenas fiestas patronales, que las disfruten plenamente y que mantengan las ilusiones y los ánimos para que perduren por muchos años más.
Agradecer al Patronato de Fiestas San Ramón Nonato su invitación para ser el pregonero de este año 2017 y animarles a continuar trabajando por el barrio del Caracol.
Muchas gracias y buenas noches.

VIVA SAN RAMÓN NONATO.
VIVA LA VIRGEN DE LA MERCED.
VIVA EL BARRIO DE EL CARACOL.



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