Telde: 675 años de historias
Juan Antonio Peña Medina
Alcalde de Telde
Hace exactamente 675 años, un 7 de noviembre de 1351, el papa Clemente VI firmaba en Aviñón una bula que cambiaría para siempre el destino de este rincón del Atlántico. Nacía el Obispado de la Fortuna, posteriormente conocido como Obispado de Telde. Nuestra ciudad se convertía en la primera sede episcopal de Canarias. Aquella fecha quedó escrita en los libros de historia, pero también en la identidad de generaciones enteras.
Sin embargo, Telde ya existía mucho antes de aquel documento. Existía en sus primeros pobladores, en asentamientos aborígenes como Tara y Cendro, en una tierra que ya tenía nombre, raíces y memoria. Porque nuestra historia no comenzó con una firma. Aquella firma reconoció una ciudad que terminaría convirtiéndose en uno de los grandes corazones de Gran Canaria. Y hoy, 675 años después, aquí seguimos.
Telde no es solamente un lugar en el mapa. Telde es una manera de sentir. Es la voz de nuestras abuelas llamándonos desde la puerta de casa. Es el olor de las cocinas familiares. Es el sonido de las campanas anunciando una celebración. Es la plaza donde jugamos de pequeños y el banco donde nuestros mayores contemplan pasar la vida. Es la primera escuela, el primer amor, los amigos de la infancia y el abrazo de quienes siempre nos esperan. Telde es, sobre todo, su gente.
Y si hoy pudiera pedirle algo a la historia, sería que nos permitiera reunir por un instante a todas las generaciones que construyeron esta ciudad. A quienes levantaron sus primeras casas, a quienes trabajaron sus campos, a quienes salieron al mar, a quienes enseñaron en sus escuelas, a quienes abrieron pequeños negocios, a quienes defendieron sus tradiciones y a quienes, con las manos cansadas y el corazón lleno de esperanza, hicieron posible que hoy estemos aquí.
Y decirles que no los hemos olvidado. Su esfuerzo no fue en vano. Sus nombres, aunque muchos ya no aparezcan en ningún libro, permanecen escritos en las calles que pisamos y en la ciudad que heredamos. Porque una ciudad no se construye únicamente con piedras, edificios o grandes acontecimientos. Una ciudad se construye con vidas. Con sacrificios silenciosos. Con madres y padres que renunciaron a sus propios sueños para que sus hijos pudieran cumplir los suyos. Con personas anónimas que nunca recibieron una medalla, pero que merecerían todos los homenajes. A ellos les pertenece este aniversario.
También a quienes ya no están. A esos teldenses que se marcharon dejándonos recuerdos, enseñanzas y un vacío imposible de llenar. Hoy, cuando nuestra ciudad cumple 675 años, me gusta pensar que, de alguna manera, siguen celebrando con nosotros. Porque nadie desaparece del todo mientras permanezca en la memoria de su pueblo.
La historia nos ha regalado una ciudad extraordinaria. Ahora nos corresponde a nosotros estar a su altura. Quiero imaginar a los niños que hoy juegan en nuestras plazas celebrando, dentro de 25 años, los 700 años de Telde. Quizá entonces recuerden este aniversario. Quizá contemplen una ciudad diferente, más moderna, más justa, con nuevas oportunidades. Ojalá puedan decir que nuestra generación estuvo a la altura de la historia que recibió. Ese debe ser nuestro compromiso.
675 años son demasiados para resumirlos en unas líneas, pero suficientes para comprender algo fundamental: Telde ha sobrevivido al paso de los siglos porque siempre hubo alguien dispuesto a quererla, cuidarla y defenderla. Y hoy nos corresponde a nosotros.
Hoy no celebramos únicamente el día en que Telde fue reconocida como ciudad. Celebramos a todos los que la hicieron posible, a quienes la mantienen viva y a quienes todavía están por llegar. Y cuando dentro de otros 675 años alguien vuelva a escribir sobre nuestra historia, ojalá pueda decir que fuimos una generación que supo amar y cuidar lo que recibió.
Feliz 675 aniversario, Telde. Que nunca nos falten razones para sentirnos orgullosos de ti. Y que la vida nos regale muchos años más para seguir diciendo, con la emoción de siempre, que no existe mayor orgullo que llamar a esta tierra nuestro hogar.
Por los que estuvieron, por los que estamos y por los que vendrán. Por siempre, Telde.
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