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martes, 31 de mayo de 2016

Naranjo: "Algún día tendremos que liberarnos de los miedos y prejuicios en Canarias"

Naranjo: TA ofrece el discurso íntegro pronunciado esta noche por el periodista teldense en la ceremonia de entrega de los Premios Canarias 2016

La alcaldesa de Telde, Carmen Hernández, y la concejala Celeste López, con el periodista teldense, nuevo premio Canarias de Comunicación (Foto TA)
TELDEACTUALIDAD
Telde.- El periodista teldense José Naranjo afirmó esta noche en el discurso que pronunció en el auditorio Alfredo Kraus. en representación de los premiados por el Día de Canarias 2016, que “vivimos rodeados de miedos y prejuicios, algún día tendremos que liberarnos de ellos". TA ofrece el discurso de Naranjo y del presidente del Gobierno de Canarias.

El Premio Canarias de Comunicación 2016, el periodista José Naranjo, quien ha recibido este lunes este galardón en el acto institucional por el Día de Canarias, ha instado a los canarios a superar el miedo y los prejuicios que nos rodean y elegir entre ser "valla o puente" de África.

El periodista freelance, que reside entre Senegal y Malí, desde donde colabora con El País, Cadena SER, Mundo Negro y La Provincia, ha recordado una vivencia que tuvo hace 13 días en Guinea Conakry con uno de los últimos casos de Ébola, -que ha costado la vida a más de 10.000 personas en los últimos dos años y medio-, una niña de ocho años llamada Tonhon Bolamoui, para referirse al miedo que persiste en ese país a esta enfermedad. Un miedo legítimo, ha dicho, pero que "hunde sus raíces en el desconocimiento, los rumores y los prejuicios".

Aunque la niña no puede contagiar a nadie porque hace más de un mes que superó el Ébola, los adultos todavía temen acercarse a ella, a quien sí achuchan, besan y abrazan, sin embargo, sus compañeros de colegio por su vuelta a clase, ha contado Naranjo, quien ha intervenido en nombre de los galardonados con el Premio Canarias de Acciones Altruistas y Solidarias, la Asociación de Niños con cáncer Pequeño Valiente, y el Premio Canarias Internacional, concedido al doctor en Medicina y Cirugía Luis Mateo López.

En opinión del periodista grancanario, "nos vendría bien ser un poco" como los compañeros de Tonhon y superar como ellos "la arquitectura del temor que levanta muros a nuestro alrededor" y nos paraliza.

Naranjo ha estimado que lo que ocurre hoy en Europa, donde "los refugiados sirios o afganos que huyen de la guerra cargando con sus niños en brazos son recibidos a golpe de valla, policía y gases lacrimógenos, es tan vergonzoso e irracional que acabará por destruirnos a todos".

Sin embargo, ha recordado que no se trata de un fenómeno nuevo, que no es la primera vez que "Europa trata de esconderse de su propio fracaso", como sabe bien Canarias, que durante más de una década fue "la puerta trasera de entrada" al continente "para decenas de miles de jóvenes africanos", un período en el que algunos titulares de prensa hablaban de "invasión", los políticos "se tiraban las pateras a la cabeza" y se sucedían las manifestaciones xenófobas.

Pepe Naranjo ha afirmado en su discurso que "Canarias no es ni puede ser eso" y ha opinado que a los canarios "nos toca elegir" entre ser "valla" o "puente" para los vecinos del continente africano porque "viajamos en su mismo barco", ya que "en este mundo ya no hay compartimentos estancos".

El periodista también ha subrayado que Canarias no puede olvidar la lección de vida que han dejado los padres, abuelos y bisabuelos que se hicieron a la mar "porque no había para comer o porque se les perseguía por pensar diferente" hasta arrimar su bote en puertos de Argentina, Uruguay, Cuba o Venezuela.

"La grandeza de ese legado de esfuerzo y sacrificio nos hace exactamente iguales a los que hoy se hacinan en los campamentos de refugiados de Grecia o ayer se ahogaban bajo el alféizar de nuestras ventanas en las playas de Gran Canaria, Tenerife o Fuerteventura", ha aseverado.

El autor de los libros Cayucos y Los invisibles de Kolda se ha congratulado de que, aunque en estos días "el mito romántico de la Europa defensora de los derechos humanos se desmorona ante nuestros ojos", sigue habiendo gente que se esfuerza para que este mundo sea un hogar mejor para todos, como hace el médico Luis Mateo López en Mozambique, uno de los diez países más pobres, donde ha trabajado para que la formación sea "palanca de cambio", con resultados que empiezan a ser visibles.

López ha logrado que el proyecto que dirige, sin retribución económica, en ese país africano desde 2012 haya permitido licenciarse en este tiempo a 60 médicos mozambiqueños. La mayoría de ellos trabaja en la actualidad en la provincia de Tete, donde hay un médico por cada 50.000 habitantes y cuya esperanza media de vida es de 42 años.

"Con el mismo dinero con el que se hubiera enviado a tres médicos europeos a África durante cuatro años ha conseguido formar a 60 médicos locales. Ahí radica la diferencia", ha apostillado Naranjo. También ha reconocido el periodista el "amor" y el "cobijo" que ofrece desde hace una década en Canarias la asociación Pequeño Valiente a niños enfermos de cáncer y a sus familias, con ayuda de voluntarios que acompañan a los pequeños en el hospital varias horas a la semana.

"¿No son el doctor Luis López Rivero y estos padres, madres y voluntarios una acertada muestra de que la semilla del trabajo bien hecho, el que puede cambiar el mundo, está plantada en todos nosotros y de que sólo tenemos que dejarla crecer?", se ha preguntado el Premio Canarias de Comunicación 2016.

Naranjo también ha manifestado el "orgullo" que siente de haber trabajado codo con codo junto a grandes periodistas en Las Palmas, a quienes lleva "en la mochila" porque fueron su "verdadera escuela". "De ellos aprendí a escuchar, la importancia de la proximidad, el respeto por la verdad y por los protagonistas de tus historias y cómo hilvanar una crónica o un reportaje", ha afirmado.

Por eso, ha expresado el dolor que le causa "ver cómo en este país los medios de comunicación están siendo privados de la mejor materia prima con que cuenta este oficio: los periodistas".

Pese a ello, ha advertido que "del circo tóxico de la manipulación sólo podrán rescatarnos quienes se arriesgan, quienes se la juegan, quienes tienen miedo cada día pero son capaces de vencerlo. En Las Palmas, en Tenerife, en Madrid o en la aldea más perdida del continente africano".

Discurso de José Naranjo en la ceremonia institucional del Día de Canarias
Señor Presidente del Gobierno de Canarias
Señora Presidenta del Parlamento de Canarias
Señora Vicepresidenta del Gobierno de Canarias
Señoras y Señores Presidentes de los Jurados de los Premios Canarias
Premios Canarias
Medallas de Oro
Señoras y Señores,

Muy buenas noches
Hoy hace justo trece días estaba en un pequeño pueblo de Guinea Conakry, muy cerca de la frontera con Liberia, llamado Koropará. Allí, en medio de esa inmensa selva que es la Guinea Forestal, tuve la fortuna de conocer a una niña de 8 años llamada Tonhon Bolamou, uno de los últimos casos de esa devastadora epidemia de Ébola que ha costado la vida a más de 10.000 personas en los últimos dos años y medio.

Durante nuestra charla, Tonhon estuvo casi todo el tiempo rodeada de adultos, pero ninguno se le acercó demasiado. Aún hay miedo en Guinea, un miedo legítimo teniendo en cuenta la dimensión de lo que ha pasado, pero que hunde sus raíces en el desconocimiento, en los rumores, en los prejuicios. Lo cierto es que Tonhon no puede contagiar a nadie porque hace ya más de un mes que superó la enfermedad. Pero el miedo te atrapa, te paraliza, te convierte en un ser irracional.
Poco después, acompañé a Tonhon de vuelta al colegio. Las clases ya habían acabado y diez o doce chiquillos jugaban en un cruce del pueblo. Nada más verla, corrieron hacia ella, que agachaba la cabeza, toda timidez, rodeada de una nube de manos y achuchones. Esa misma tarde, en la soledad de mi habitación de N’zérékoré, empecé a escribir este discurso. Y no podía dejar de pensar cuan necesitados estamos de esos niños, mejor aún, qué bien nos vendría ser un poco como ellos.

Vivimos rodeados de miedos y prejuicios. Al igual que los ruedines de las bicicletas pueden ser útiles. Durante un tiempo. Porque llega un día en que hay que desprenderse de ellos, mirar al frente y empezar a pedalear sin ayuda. Tenemos que caernos para poder volver a levantarnos, tenemos que golpearnos con la realidad. Tenemos que hacernos las preguntas correctas y buscar las respuestas adecuadas. Como individuos, pero también como sociedad, como proyecto colectivo de convivencia que somos.

Existe toda una arquitectura del temor que levanta muros a nuestro alrededor. Nos dicen “no subas a esa montaña que te puedes caer” y nos perdemos la vista magnífica que hay desde la cima. “No ames, que serás engañado”, “no te comprometas, no vale la pena”, “no viajes, no descubras, no arriesgues”. Y el miedo nos paraliza.

Lo que está pasando hoy en Europa es la mejor muestra del tiempo que nos ha tocado vivir. Que los refugiados sirios o afganos que huyen de la guerra cargando con sus niños en brazos, durmiendo en las vías del tren, sean recibidos a golpe de valla, policía y gases lacrimógenos es tan vergonzoso, tan irracional, que acabará por destruirnos a todos. Querida Europa, no hay concha suficientemente gruesa en el mundo en la que te puedas esconder de tu propio fracaso. Que la extrema derecha se esté subiendo a las barbas del sistema en países como Francia, Austria o Alemania es, cuando menos, inquietante.

Y sin embargo esto no es nuevo. En Canarias sabemos de esos miedos. Durante más de una década fuimos la puerta trasera de entrada a Europa para decenas de miles de jóvenes africanos. Aún recuerdo aquella agitación, aquellos titulares de prensa que hablaban de invasión, aquellos políticos que se tiraban las pateras a la cabeza, aquellas manifestaciones xenófobas. Fueron años oscuros.

Pero Canarias no es, no puede ser eso. Primero, por el lugar en donde estamos. Nos toca elegir. Valla o puente, seguir reaccionando atrapados en el miedo o recuperar una mirada más amplia de lo que somos, de lo que fuimos un día y de aquello en lo que nos queremos convertir. Viajamos en el mismo barco que nuestros vecinos del continente africano, sus cuitas también son las nuestras, lo que les pasa a ellos nos pasa a nosotros. En este mundo ya no hay compartimentos estancos.

Y, en segundo lugar, porque no podemos olvidar. Nuestros padres, nuestros abuelos y bisabuelos, nos han dejado toda una lección de vida. Ya fuera porque no había para comer o porque se les perseguía por pensar diferente, muchos se hicieron a la mar. Argentina, Uruguay, Cuba o Venezuela saben de nuestra firmeza, de nuestra determinación. Saben que los isleños, llegado el caso, estamos dispuestos a jugárnosla por encontrar un buen puerto donde arrimar el bote. La grandeza de este legado de esfuerzo y sacrificio es que nos hace exactamente iguales a los que hoy se hacinan en los campamentos de refugiados de Grecia o ayer se ahogaban bajo el alfeizar de nuestras ventanas en las playas de Gran Canaria, Tenerife o Fuerteventura.

En estos días en que, como dice el sociólogo portugués Boaventura da Sousa, el mito romántico de la Europa defensora de los Derechos Humanos se desmorona ante nuestros ojos, en que la exclusión forma parte del paisaje que habitamos, el recuerdo poderoso de quiénes fuimos debe iluminarnos el camino. No es una maldición, ningún dios atávico nos condena a que lo hagamos tan mal. Las cosas pueden cambiar y hay gente que se esfuerza en que este mundo sea un hogar mejor para todos.

Esta noche tengo la gran suerte de compartir esta distinción del Premio Canarias con Luis Mateo López Rivero. Su trabajo en ese continente, que por muchas razones también es el nuestro, en concreto en un país que se encuentra entre los diez más pobres del mundo y que ha atravesado el calvario de una larga guerra civil como es Mozambique, nos habla de sus desvelos, de su empeño y de su capacidad para ir más allá y sembrar esperanza, de la que tan necesitados estamos. 

En África, millones de personas viven en condiciones peores que las del peor campo de refugiados. Y, sin embargo, son invisibles. Decía Nelson Mandela que la educación es el arma más poderosa, que es el gran motor del desarrollo personal, que es a través de la educación cómo “la hija de un campesino puede convertirse en médico o el hijo de trabajadores agrícolas en presidente de una gran nación”. El doctor López Rivero está en ello, convencido de que la formación es la palanca del cambio. Sus resultados le avalan.

En la provincia mozambiqueña de Tete, donde se encuentra la facultad de Medicina de la Unizambeze, la esperanza media de vida es de 42 años y hay un médico por cada 50.000 habitantes. Para dos millones de personas, la misma población que Canarias,  cuentan con un cirujano, dos internistas, un ginecólogo y dos pediatras. Necesitaban profesorado para formar nuevos médicos y en 2010 pidieron ayuda a la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, que no dudó en recoger ese guante.

Desde que comenzó la docencia en febrero de 2012 hasta noviembre de 2015 y bajo la dirección del doctor López Rivero se han desplazado hasta allí unos 45 profesores canarios, el auténtico corazón gracias al que late este proyecto, sin retribución económica y en la mayoría de las ocasiones dedicando a ello su tiempo libre. Pero los frutos ya han empezado a llegar. En estos cuatro años se han licenciado 60 médicos mozambiqueños, casi todos trabajando en la actualidad. Cuatro de ellos se incorporan este año como profesores del primer ciclo de la Facultad, colaborando en la formación práctica de los estudiantes y con los profesores de la ULPGC.

Además de las estancias de estudiantes mozambiqueños aquí y de canarios allí, fruto de esta colaboración se han iniciado distintos proyectos de investigación en los que participan estudiantes y médicos de Tete. De cara al futuro, ya están en la tarea de desarrollar el sistema de tele formación interactiva, un programa de doctorado y la formación de médicos especialistas que garanticen la sostenibilidad del programa. Como dice el propio Luis López, con el mismo dinero con el que se hubiera enviado a tres médicos europeos a África durante cuatro años han conseguido formar a 60 médicos locales. Ahí radica la diferencia.

Al igual que los besos y abrazos que prodigan sus amigos a Tonhon Bolamou, la niña que estuvo enferma de Ébola de la que les hablaba antes, desde hace una década la Asociación Pequeño Valiente dedica sus esfuerzos a dar amor y cobijo a los niños enfermos de cáncer en las Islas y a sus familias. En ese tiempo ha superado innumerables obstáculos que les restaban calidad de vida, pero poco a poco fueron dando respuesta a las barreras con las que se encontraban no sólo en la planta de oncohematología del hospital Materno-Insular, sino  también en la sociedad en general.

Empezaron remodelando la propia planta, donde los niños y las familias pasan largos meses, convirtiéndola en una especie de segunda casa. Cambiaron los fríos y duros sillones por sofás-cama, pusieron televisores para amenizar las horas. Consiguieron aparcamiento gratis para los padres y bandejas de comida, evitando un gasto extra en alimentación a los acompañantes. Remodelaron el parque que hay en el solárium para que los niños pudieran salir y disfrutar del sol y el aire fresco durante sus estancias hospitalarias.

José Jerez, presidente de Pequeño Valiente, me pide que no me olvide de nombrar a los voluntarios, chicos y chicas que de forma altruista realizan actividades y hacen compañía a los niños durante varias horas a la semana. Pero pese a todo este esfuerzo se dieron cuenta de que no era suficiente. También había niños de otras islas que debían desplazarse para recibir tratamiento en Gran Canaria o en Tenerife y fue así como nacieron los pisos-hogar de Pequeño Valiente en ambas provincias, para que los padres de cualquiera de las Islas Canarias no tuvieran que preocuparse por el gasto que supone pagar hoteles durante un tiempo indefinido.

Tampoco nos podemos olvidar de la lucha por el 33% de minusvalía, derecho del que estaban privados los niños de Las Palmas, y que gracias al apoyo del pueblo y las instituciones canarias consiguieron. Pero no queda ahí la cosa, Pequeño Valiente ya sueña con poner en marcha un Centro Multidisciplinar en el que dar respuesta a las secuelas que sufren estos niños, en el que un psicólogo, un maestro, un logopeda y un fisioterapeuta se encargarían de la rehabilitación de los pequeños. Cada vez están más cerca de que ese sueño se haga realidad.

Podríamos hablar toda la noche de sus logros, porque el cáncer no entiende de horarios ni de clases sociales. Su lucha ha sido constante y muchas de esas victorias han sido gracias a ustedes. ¿Se puede imaginar una tarea mejor? ¿No son el doctor Luis López Rivero y este esforzado grupo de padres, madres y voluntarios una acertada muestra de que la semilla del trabajo bien hecho, el que puede cambiar el mundo, está plantada en todos nosotros y de que sólo tenemos que dejarla crecer?

Seamos claros. Nos toca elegir. Venimos, estamos aún en un tiempo en que la corrupción ha sacudido los cimientos de nuestro edificio, en que los recortes a nuestros derechos han condenado a decenas de miles de personas al frío extremo de la pobreza sobrevenida, de la miseria. Los grandes poderes económicos, aliados con políticos pacatos, irresponsables y con querencia a meter la mano en la saca nos han traído hasta aquí. Las alarmas resuenan en todos los rincones. Pero estamos a tiempo si vencemos a nuestros propios temores.

La tarea empieza hoy y nos concierne a todos. Somos capaces de cambiar el rumbo. En muchos momentos de nuestra historia los medios de comunicación han jugado un papel clave en la denuncia de las derivas del sistema. Me siento orgulloso de haber trabajado codo con codo junto a grandes periodistas aquí en Las Palmas gracias a los que hoy estoy aquí hablándoles a ustedes, personas que creían en este oficio de contar como motor de cambio, como ejercicio de responsabilidad. A todos los llevo en la mochila. Esa fue mi verdadera escuela. De ellos aprendí a escuchar, la importancia de la proximidad, el respeto por la verdad y por los protagonistas de tus historias, cómo hilvanar una crónica, un reportaje.

Por eso me duele ver cómo en este país los medios de comunicación están siendo privados de la mejor materia prima con que cuenta nuestro oficio, los periodistas. Me duelen los expedientes de regulación de empleo, las condiciones de miseria a las que nos pretenden someter. No se dejen engañar. Del circo tóxico de la manipulación sólo podrán rescatarnos quienes se arriesgan, quienes se la juegan, quienes tienen miedo cada día pero son capaces de vencerlo. En Las Palmas, en Tenerife, en Madrid o en la aldea más perdida del continente africano.

Me pide el doctor López Rivero que no me olvide de los médicos. Y tiene razón. Una legión de doctores y enfermeros recorre el mundo salvando las vidas de aquellos que nada tienen más que sus vidas. Terremotos, epidemias o guerras no son obstáculos suficientes para que lleguen a los rincones más alejados. Y muchas veces es gracias a ellos que nos enteramos de lo que está pasando realmente en lugares excluidos de los focos de la información. Su labor humanitaria, pero también de denuncia, es impagable.

Recibir hoy este premio es un honor inmenso, mucho más porque viene de los tuyos. Los tres premiados queremos agradecer de corazón a quienes propusieron nuestras candidaturas, a los miembros del jurado por su confianza y a nuestras familias por su constante apoyo, sobre todo en los tiempos difíciles, que han sido muchos y seguro que algunos quedan por venir. El auditorio está lleno de gente y sin embargo echamos de menos a algunos. Los padres del doctor López Rivero, recientemente fallecidos, canarios hasta la médula se hubieran sentido orgullosos esta noche, igual que la persona que me enseñó a leer y estimuló como pocas mi curiosidad por el mundo, mi madre, que se fue hace ya siete años. A ellos y a los niños canarios que sufren cáncer y se enfrentan a él con valentía y coraje cada día, estos premios también les pertenecen.

Muchas gracias.
Clavijo: Canarias no va a volver a permitir ser menos que nadie"
Por su parte; el presidente canario, Fernando Clavijo, ha advertido este lunes, en el acto institucional con motivo del Día de Canarias, que esta comunidad "no va a volver a permitir ser menos que nadie", al tiempo que ha resaltado que la solución a todos los problemas de la región "no está fuera" de ella.

"Nosotros mismos tenemos muchas respuestas y debemos mirar hacia dentro para preguntarnos qué podemos cambiar y no tener miedo al tamaño del reto que nos propongamos, porque, por muy grande que sea, debemos ser conscientes de que somos capaces de lograrlo", ha manifestado el presidente en su discurso, en el que ha destacado el "ejemplo" que representan los galardonados este año con los Premios y las Medallas de Oro de Canarias.

Clavijo ha recordado las palabras del poeta Pedro Lezcano, Premio Canarias de Literatura 1989, quien falleció en Gran Canaria en 2002, para afirmar que "los héroes están en cualquier parte" y ha considerado que así lo demuestran los tres Premios Canarias 2016: el otorgado al periodista Pepe Naranjo en el apartado de Comunicación y los concedidos a la Asociación de Niños con Cáncer Pequeño Valiente, en la categoría de Acciones Altruistas y Solidarias, y al doctor en Medicina y Cirugía Luis Mateo López, en la de Internacional.

Discurso de Fernando Clavijo Batlle,presidente del Gobierno de Canarias
 Señoras, señores
Buenas noches a todos

Hoy festejamos el día de los canarios y las canarias. El día en el que quienes vivimos en este Archipiélago celebramos que nos unen muchas más cosas que una historia compartida o que un territorio vivido. Nos une un futuro en común; el que creamos juntos. El que un día vivirán nuestros hijos como vivimos nosotros el que construyeron nuestros padres.

Hoy es, por tanto, un día para celebrar; para agradecer a quienes nos precedieron, la historia que nos han legado y felicitarlos por los escollos que superaron. Los éxitos y los fracasos de nuestros padres y abuelos nos han hecho más fuertes; porque ellos se levantaron y siguieron adelante. Lucharon por esta tierra desde dentro y desde fuera; quienes se quedaron, defendiéndola y quienes tuvieron que emigrar, dándole la mano para ayudarla a ponerse en pie.

Eso es lo que somos, un Archipiélago lleno de Historia con mayúscula y de miles de historias en minúscula. Y una y otras hablan de superación, de lucha, de convicción, de compromiso y de solidaridad. Y hoy, señoras y señores, celebramos todas y cada una de ellas.

Quiero compartir con ustedes la emoción de estar hoy aquí, todos juntos, mirando a los ojos a los hombres y mujeres que premiamos y destacamos. Una emoción que nace de saber que todos ellos son una muestra del valor, del talento y de la capacidad que hay en esta tierra.

Una emoción que también tiene presente que no todo son motivos de celebración. Que seguimos sufriendo una realidad que no es la que deseamos y que hay familias de canarios que no encuentran motivos para el festejo. Pero esa realidad que hemos vivido y seguimos viviendo también nos ha hecho más fuertes. Como nuestros padres y abuelos hemos aprendido de nuestros errores y tengan por seguro que no vamos a volver a cometerlos.

No vamos a volver a permitir que no se nos trate en igualdad de condiciones que otros pueblos y otras comunidades.

No vamos a volver a permitir que se ignore la necesidad de los canarios y canarias.

No vamos a volver a permitir ser menos que nadie. Nunca más.

A todos se nos puso a prueba. Unos pocos, muy pocos, cumplimos. Asumimos por responsabilidad, la estrechez y el recorte y salimos adelante. Lo logramos. Y ahora exigimos que ese logro, que ese esfuerzo que otros se ahorraron, sea tenido en cuenta. No vamos a permitir otra cosa. No vamos a permitir que se nos trate peor que a quienes no cumplen.

Ni más ni menos para Canarias que para los demás. Eso es lo que exigiremos con la dureza y la contundencia que sea necesaria. Y tengan por seguro que no nos conformaremos con menos.

Y si algo hemos aprendido en los últimos años es que la solución a todos nuestros problemas no están fuera de esta tierra. Nosotros mismos tenemos muchas respuestas y debemos mirar hacia dentro para preguntarnos ¿qué podemos cambiar? Y no tener miedo al tamaño del reto que nos propongamos. Porque por muy grande que sea, debemos ser conscientes de que somos capaces de lograrlo.

Nuestros premiados son un ejemplo para todos; ejemplo de que con muy poco se puede conseguir mucho. La constatación de que tan solo con el trabajo serio, riguroso y comprometido se pueden hacer grandes cosas. Que pequeños gestos cotidianos cambian el mundo en el que vivimos; que despiertan conciencias y que cambian el rumbo de vidas…

Hazañas asombrosas que durante años han convertido en realidad nuestros Premios Canarias y Medallas de Oro; con humildad, sin buscar más beneficio que la satisfacción personal y con la enorme generosidad que supone poner el talento personal al servicio de los demás.

La heroicidad está tras cada esquina, al cruzar cualquier calle. Pedro Lezcano no se equivocaba cuando decía que “los héroes están en cualquier parte”; estos tres premios Canarias lo demuestran.

Y hoy premiamos sus trayectorias con el convencimiento de que no son los únicos y de que en todos los rincones del Archipiélago, desde Caleta de Sebo a Orchilla, hay canarios que, como ellos, también son héroes que trabajan desde el anonimato para construir proyectos vitales dignos de ser reconocidos por todos.

Pequeño Valiente, Luis Mateo López Rivero, José Naranjo Doble nos enseñan que cuando se deja de hablar sobre lo que se podría hacer y se empieza a hacer lo que se debe; todo es posible. Los tres comparten una visión solidaria y comprometida que han volcado en sus profesiones para beneficio de toda la sociedad, probando que para lograr grandes cosas solo es necesario tomar la decisión de hacerlas.

- Una primera decisión que impulsó a un grupo de padres y madres cuando decidió que la administración no estaba dando el apoyo que había que dar a los niños enfermos de cáncer y a sus familias. Con compromiso dieron un paso al frente y se pusieron al servicio de esas personas que necesitaban su ayuda.

-Una primera decisión como la que tomó Luis Mateo López cuando quiso convertir su profesión en una herramienta de solidaridad; ayudando en países vecinos y exportando conocimiento; creando más allá de nuestras fronteras a médicos que sin duda contribuirán a mejorar de forma real la atención sanitaria de Mozambique.

-Una primera decisión que llevó a José Naranjo a contar la historia de quienes no tenían quien hablara en su nombre. Con la valentía de poner su vida al servicio de la búsqueda de la noticia, convencido de que era necesario que en Canarias conociéramos esas realidades vecinas obligándonos como sociedad a dejar de darles la espalda.

Compromiso, solidaridad, valentía tres palabras que resumen tres trayectorias vitales que hoy premiamos. Tres valores a los que quiero sumar la tenacidad que les ha permitido convertir lo que fue un sueño inicial en una realidad digna de tan alta distinción.

Estoy convencido que nuestros tres Premios Canarias oyeron muchas veces frases como “eso es imposible”, “no lo vas a lograr”, “eso es una locura” cuando tomaron la decisión de poner en marcha una ONG para ayudar a los niños enfermos de cáncer del Hospital Materno Infantil, cuando Luis Mateo López decidió empezar a volar a África o cuando José Naranjo decidió que era necesario contar las historias de quienes no tienen voz.

Sin embargo, ignoraron a agoreros y críticos y comenzaron a hacer lo que debían hacer. Paso a paso, respondiendo a cada problema en el camino con más entrega, más convicción, más dedicación, más sacrificio personal y más implicación.

Y todo ello es lo que los ha traído hoy aquí a recibir el agradecimiento de todos los canarios; no por lo que han logrado ni por lo que van a seguir logrando en el futuro. O mejor dicho, no solo por ello. Porque este premio quiere agradecerles el que sean fuente de inspiración para todos.

El espejo en el que tenemos que mirarnos cuando olvidamos que las metas dejan de ser inalcanzables cuando se comienza a caminar hacia ellas y que a quienes dicen “no es posible” solo hay que responderles que un primer paso ya hace camino.

Y que un pequeño avance es siempre un gran logro porque es más de lo que teníamos antes de empezar.

La lección vital que nos enseñan nuestros Premios Canarias debe servirnos de guía para superar los retos colectivos que nos marcamos como sociedad. En lo político, en lo social, en lo económico; es posible llegar a ser como queremos ser. Es posible hacer la Canarias que queremos; está solo en nuestras manos. En la de todos y cada uno de nosotros.

Da igual que durante décadas nos hayan repetido que las metas que nos fijamos como sociedad son inalcanzables. Ignoremos a quienes dicen que ya se intentó y se fracasó. Hagamos oídos sordos a quienes nos dicen que “no está en nuestras manos hacerlo; que depende de otros”.

Olvidemos todo ello. Solo necesitamos; como Pequeño Valiente, Luis Mateo López o José Naranjo estar convencidos de que es posible. Porque es posible si creemos en nosotros mismos. Como nuestros Premios lo hicieron. Sin depender de nadie más que de ellos mismos.

Ustedes habrán visto los anuncios del Día de Canarias. Esos en los que nuestros premiados decían “Yo Soy Canarias”. No lo tomen como palabras vacías. Ellos son Canarias. Ellos son lo que somos.

Gente que no se rinde, que se fija metas imposibles y cuando las logra alcanzar sigue avanzando. Aprendamos de su ejemplo y tengámoslos presentes cuando nos vuelvan a decir “no puedes hacerlo”.

Y si nuestros Premios Canarias son ejemplo para todos; nuestras Medallas de Oro son el reflejo fiel del talento enorme que existe en esta tierra. Talento, creatividad, capacidad de entrega, afán de superación…

Esta tierra es fértil en todos esos valores. Mucho más de lo que nosotros mismo creemos. Nuestras Medallas de Oro certifican lo que ya me han oído repetir en alguna otra ocasión: que el talento de esta tierra es una seña de identidad; nuestra principal materia prima, inagotable y sostenible.

Es el talento el que nos permitirá cambiar nuestro rumbo. Desde la suma de conocimiento, compromiso, solidaridad, valentía y tenacidad en todos los ámbitos y todos los sectores. Como han demostrado nuestros premiados, trabajando para que sea posible. Logrando que las cosas sucedan. Poniendo lo mejor de sí mismos, superando retos.

Trabajando por el sector primario; por nuestro campo y nuestro paisaje. Generando empleo y riqueza en nuestra tierra y aportando valor añadido a una actividad económica que debe ser pilar de nuestra economía como ha hecho Ángela Delgado Díaz.

O siendo un referente dentro y fuera de las canchas, dando ejemplo de deportividad, compromiso con la afición y afán de superación. El Club Baloncesto Gran Canaria ha cosechado éxitos que siempre estarán presentes en la memoria de los canarios. Éxitos que se seguirán sumando en el futuro para grandeza del deporte canario.

El sector primario, el deporte…y también el cine. Desde Canarias, con su talento y conocimiento, haciendo posible títulos de referentes del cine español actual. Como Andrés Santana. Un canario que ha ganado cuatro Goyas y un nombre imprescindible en el Cine Español. Porque el talento no conoce distancias ni ultraperiferias ni hay sector inalcanzable.

Algo que también ha demostrado  Francisco Delgado López al llevar su capacidad artística más allá de nuestras fronteras; despertando la admiración por su trabajo, creando escuela y demostrando que no es necesario nacer en Hollywood para pisar la alfombra roja de los Oscar.

La cultura tampoco es ajena al talento canario. Como el que desde hace años Elsa López aporta, con su especial sensibilidad y mirada, para regalarnos una obra literaria que es fuente de inspiración dentro y fuera de esta tierra.

El talento, les decía antes, es una seña de identidad en esta tierra y por eso es tan importante trabajar con nuestros jóvenes para que puedan desarrollarlo y eso solo es posible cuando desde la docencia se busca la excelencia como durante más de 100 años hace el Colegio La Salle San Ildefonso.

Talento que forma, que nos ayuda a crecer, que es cultura y talento también puesto al servicio de los demás. Proactiva Open Arms; una micro ONG española que socorre en la isla de Lesbos a quienes huyen de los conflictos bélicos una labor en la que forman parte canarios que ponen su vida en peligro para salvar a un prójimo, a un hermano que desconocen.

Y finalmente, a James Costos por su apuesta por estas Islas como plató de cine y porque desde el primer momento entendió y defendió todo lo que Canarias puede ofrecer al mundo del cine. Abriéndonos así la puerta a una industria que está llamada a crecer de forma importante en el Archipiélago.

Como ven, una palabra que se repite es talento; hoy reconocemos a estos hombres y mujeres que tienen que ser fuente de inspiración para todos. Hombres y mujeres a los que hoy damos las gracias públicamente; por lo que han sido, por lo que son y por lo que serán.

Espejo en el que mirarnos y que nos devuelve una imagen de solidaridad, compromiso, entrega, valentía, cultura, deporte, amor a nuestra tierra, creatividad, capacidad de trabajo… Que nos devuelve, en definitiva, la imagen de lo que somos porque señoras y señores eso es lo que es Canarias. Ellos son Canarias. Ellos son lo que somos.

No lo olvidemos.

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