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miércoles, 17 de febrero de 2016

7º PARTE -FIESTA DE ALMENDRERO EN FLOR –VALSEQUILLO 14-2–2016.


El dedo mágico  
COLABORADOR DE TELDEENFIESTAS 

Y como copitos de nieve tardío, sopló el alisio, los pétalos blancos del almendrero. Trajo el tiempo entrañable a la fiesta. Agua en polvo y sol que jugando al escondite daban el esplendor a la plegaria del rito popular.
- "¡¡Pasen y vean señores...!! Comprueben el arte ancestral de convertir las almendras en pepitas mágicas". Mientras, una paisana, cuchara de palo en mano, mareaba en un sartén almendras borrachas de azúcar que acababan saltando para convertir su naturaleza en frutos de paladares golosos                                   VER FOTOS AL FINAL 

Valsequillo, volvió a llenarse de curiosos. Que buscaban y miraban la inmensa Feria de artesanía y ventorrillos de comida; Quesos del país, chorizos en ristra, vino, mieles y mermeladas, frangollo y toda suerte de manjares de colores para la satisfacción de las búsquedas de la memoria.
Sorprendido estaba el pregonero antiguo, que haciendo uso del arte de la palabra, convocaba a los visitantes al espectáculo de los valores en decadencia. Imaginación y sencillez. Con titular y marcando las diferencias, podríamos decir que allí, vivimos y comprobamos la esencia de este culto anual, para añadir "Almendras para una fiesta".
Los amigos de Asamblea Valsequillera agitaban el buen rollo, destilando esencia derivada. Despepitando almendras ataviaos. El "Matajilorios de Valsequillo" se llevó la palma de las delicias. Esas tapas de pan caliente, untadas con chorizo y almendras tostadas, hacían las colas de los atrevidos y las miradas de la magua.
Saquitos de almendras garapiñadas, reventones de los enamorados aprovechando al santo del amor, chocolate caliente, pella de almendras troceadas... Mientras el hombre de la cumbre, el Santo Job de la cachimba, molía el café con el arte del rito de la abuela, los olores al viejo aroma del buchito de café, destilado a tetera, convertían la esquinita en un punto crucial de la feria.
La gente andaba y miraba, y del arte sano se contagiaba y reía. La fiesta de los almendreros volvió tarde y feliz. Y nuestra mirada al día fresco y generoso, del alisio que quiso venir, a recordarnos que febrero es invierno y las nubes son de fabricación casera y divina.
Por eso la lluvia fina, un aplauso a Valsequillo dio, fue el broche de oro al culto diferente, especial para este pueblo. Un día de fresas y almendras, de colores y sabores, de sensaciones que no se olvidan.
Al regreso a casa, con la gratitud y el placer del día intenso. Escudriñamos el campo y a las cortinas de agua serena, que seguían aplaudiendo, ensimismados en el paisaje idílico e invernal.
Del risco que cuelga sobre el puente chico un almendrero joven y tardío extendió sus ramas cargadas de algodones de colores y se desemperezo como el niño que no se ha enterado que hoy era la fiesta en el cole.
Ayer, disfruté del sabor a pueblo. Un día lleno de energía coloquial.
Felipe Santana (Feli para los amigos)

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